He buscado en un mapa, vecina,
el nombre que más nos une.
Por si nos viera allí, lindes
o juntos, etiquetados en Google.
Por si estuvieran tu escala o tu signo junto a los cajeros,
alternada entre los quesos y los vinos; entre jardines de flores.
Como si te hicieras, ya sabes, geografía,
tú parte de esos lugares sin los que no vivimos tan bien.
Por si aparecieran nuestros nombres
-tan propios que aún no nos unen-
hechos número, icono, o coordenada.
Y tú no fueses I. sino latitudes.
Y yo no fuese yo sino algo ciego, afilado,
antidestino caído, clavado en esa calle
que nos ronda y nos eleva:
“usted está aquí”. Pero me pierdo.
Nos he buscado, decía, en aquel mapa,
silabeando el nombre que más nos une.
Dos marcas separadas sin ser ninguno territorio,
para indagar la ruta que lleva a nuestro abrazo.
(Como si hallarnos fuese espacio y geometría,
y no es eso.
Como si nos trazasen grados o minutos,
y no estoy seguro de que sea eso.
Como si al rozar tu nombre con la yema de mi dedo,
ya fuese un poco eso.
Como si nos manchara otra vez la tierra al encontrarnos:
sería exactamente eso).
Nos he buscado en un mapa de Madrid, vecina.
Pero era tan antiguo que ni siquiera vivíamos
a la vista del otro sobre el papel o bajo el cielo.
La calle que más nos une y nos alberga
estaba aún como nosotros:
por existir.
lunes, 19 de agosto de 2019
Geography, be kind to me, de Javi Sánchez
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