“Si se puede conseguir que los asuntos delicados de un gobierno resulten lo bastante tediosos y crípticos, no hará falta que los funcionarios escondan ni desmantelen nada, porque nadie que no esté directamente directamente involucrado prestará la suficiente atención como para causar problemas”. Esto es una cita de El rey pálido, la novela póstuma e inconclusa de David Foster Wallace, en cuya lectura estoy completamente sumergido estos días. Tras haber dedicado su monumental La broma infinita a explorar los significados, formas y abusos del entretenimiento en Estados Unidos, el autor consagrase su siguiente (y muy postergada) novela a lo contrario: el aburrimiento y sus usos políticos, sociales, emocionales, culturales… Detengámonos en estos últimos.
En From Downton Abbey to Kristie’s crafts: the New Boring is everywhere, el articulista Stuart Jeffries reflexiona sobre la posible conexión entre el regreso de los conservadores a Downing Street y el advenimiento de unos productos culturales que parecen encantados con lo condenadamente aburridos que son. La serie Downton Abbey es, para Jeffries, el ejemplo más diáfano de esta nueva tendencia: “No sólo refleja un orden social reaccionario, sino que ayuda a crearlo (…) El equivalente televisivo del bromuro en el té de los soldados, que hacía llevadera la vida en una Inglaterra deprimida para gente que realmente debería haber sabido mejor lo que se hacía”.
En España no nos ha hecho falta esperar a que triunfara la derecha para abrazar el Nuevo Aburrimiento cultural. Ya tenemos El prisionero del cielo, de Carlos Ruiz Zafón, en la lista de libros más vendidos: esperad a ver cómo se convierte en el regalo de navidad por defecto en todas las familias bien de la muy pepera Comunidad de Madrid. Las otras opciones literarias son La comida de la familia, de Ferrán Adriá; la biografía de Dani Martín y la nueva entrega de El capitán Alatriste. Las series punteras de televisión son la imbatible Cuéntame (seguida del documental gastronómico por entregas Un país para comérselo), Gran Hotel y, por supuesto, Downton Abbey, que Antena 3 ha llegado a reponer en su cadena joven, Neox. ¿Ganas de ir al cine? Hay varias opciones impecablemente aburridas, como La voz dormida, Mientras duermes o la última entrega de Crepúsculo, que narra el momento climático y potencialmente divertido de toda la saga (el polvo entre Bella y Edward) en elipsis. Dentro de poco se reestrenará El rey león en 3D, así que quizá quieres volver a verla antes de asistir a una función navideña del musical. O mejor aún: disfrutar de Más de 100 mentiras, basada en el cancionero de Joaquín Sabina. Para terminar, otro artículo de The Guardian defiende a los videojuegos como la única escapatoria que tenemos al Nuevo Aburrimiento, pero lanzamientos como Skyrim, F1 2011 (para PC, claro) o franquicias intercambiables que ya van por la segunda secuela me hacen ser menos optimista.
El 20-N tuvimos un inmejorable pórtico a la versión española del Nuevo Aburrimiento: la playlist con la que el ya famoso DJ de Génova (verdadera identidad: El Pulpo, personalidad radiofónica y militante del partido) amenizó la jornada triunfal a los españoles allí congregados. El waka-waka, Paquito chocolatero, Carlinhos Brown, el Pan-panamericano, alguna bachata, El Canto del Loco y la polisémica Let’s Twist Again conforman el perfecto muro de sonido (o el ruido de fondo, o el hilo musical) de los próximos años.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Santo tedio, de Noel Ceballos
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