domingo, 21 de agosto de 2016

Carta de Iñaki a mi padre para aceptar mi invitación de boda

 A la Att. del Sr. Moreno

Octogésima primera estrella del Sistema Solar
7º vértice de los Hombres Buenos
Avenida de los Valientes, 989
34.598 País de la Órbita Externa
Universo

Hola,

No quiero alterar tu descanso pero lo haré, que la ocasión lo merece. Te escribo desde un vuelo Londres-Madrid, a once mil metros de altura, mientras escucho Experience, de Ludovico Einaudi. He considerado que este es el mejor lugar para establecer un hilo directo contigo. No te conozco personalmente, pero me he tomado la libertad de dirigirme a ti.

A ver, ¿tú qué opinas? ¿Te gusta ella? Yo creo que bastante... Porque si no no lo habrías permitido. Y es que tengo entendido que pintáis más de lo que este mundo desprovisto de mitos piensa. ¿Me equivoco? Te gusta ella porque le ha roto los esquemas y ha puesto su mundo patas arriba. Te gusta porque le ha restado dramatismo a su corazoncito y le ha empujado a abandonar solemnidades sentimentales. Él, aficionado a las pelis románticas de heteros intensitos pero sensibles (cuánto daño le han hecho, joder), se ha dejado de tonterías y se ha dado permiso, por fin, para dejarse llevar. Se ha abandonado a un torrente de espontaneidad y naturalidad. Sin gilipolleces, sin poses. ¿Sabes? Desde que está con ella tu hijo se ríe más. Mucho más. Mucho, mucho, mucho más. Lo veo más feliz.

Un día Alberto me llamó el pequeño Salinger. ¿Te lo quieres creer? Creo que es por mi carácter esquivo. Soy vasco. Bueno, igual los vascos no te hacemos mucha gracia, ¿no? Lo digo por aquella espina que se le clavó a tu hijo y que tenía forma de mujer vasca. Aquella chica tenía ese punto en su mirada algo melancólico, como si en otra vida hubiera sido una niña triste. En sus pupilas escondía las ruinas del fracaso... un fracaso irreal proveniente, seguro, de otra vida pasada. El famoso huzun de Orhan Pamuk. Y qué obsesión tenía con el euskera, la hija de puta. Y sabes que, en el fondo, junto a ella nunca habría sido feliz.

Y ahora se nos casa con una artista, ya ves. Pero una de verdad. Con la pésima reputación que tenían en tu juventud, ¿eh? Un personaje de la farándula, una titiritera, una poeta. Pero se nos casa bien. MUY BIEN, de hecho. Zahara es una chica que ha recorrido todos los estados de ánimo previos al suicidio en sus relaciones amorosas. Y eso, bueno, pongamos que está bien. Si no de qué iba a escribir esas canciones tan brutales. Es inteligente, tiene talento, tiene mucha gracia y es realmente preciosa. ¿No es perfecta?

Alberto es una persona aparentemente complejísima (subrayo el sufijo -ísimo) pero sorprendentemente sencilla. No digamos básica, por eso de las connotaciones negativas del palabro... Lo sé porque soy exactamente igual que él en ese sentido. Al menos yo advierto destellos de su personalidad en la mía. Pero nada de ligeros reflejos que sonríen al sol, como los temporales de tonalidad triste y luminosa de Turner. Nada de eso, sino brochazos al más puro estilo Pollock. A Alberto y a mí nos separa una inmensidad en muchas cosas. Joder, le gusta el puto baloncesto. No obstante, ambos sabemos vivir con arreglo a las normas imperantes y disfrutar de las frivolidades. Pero tenemos un puntito raruno. Y eso, lo sé, nos hace jodidamente irresistibles. Y lo peor de todo es que no fingimos nada. ¡Ah! Y escribimos como sentimos. Pero hablamos como pensamos. Somos dos mercenarios que nos vendemos al mejor postor solo si nos dejan operar con cierta libertad y las condiciones nos resultan ventajosas. Aunque en cualquier momento se nos puede cruzar al cable.

Quizá porque veo muchas cosas de él en mí, quizá porque hablamos en prosa pero pensamos en verso, quizá porque él te perdió tan pronto como yo al mío. Yo qué sé... Lo cierto es que nos entendemos. Y me alegro tanto. Me alegro porque lo veo feliz y porque se casa con una persona que sé que le va a hacer más feliz si cabe.

Creo que tengo mucha suerte de haber coincidido en esta vida con ese dandi que viste zapatillas New Balance.

¿Qué te parece? Seguro que no te lo crees que se casa. Bueno, seguro que sí te lo crees porque has sido testigo de esta relación desde que comenzó. Y seguramente impulsor, qué narices. Desde el más allá. Y has visto crecer algo. Sorprendente, absurdo, lleno de magia y bastante guay. Espero haberlo descrito bien, pues lo hago un poco guiado por la intuición. Como bien comprenderás, no he estado presente en su alcoba.

Tienes motivos para estar muy orgulloso de él. Y sé que lo estás.

Qué privilegio poder estar en la boda de tu hijo, joder.

Iré con Marcos, así que ya le comentaré que nos confirme la asistencia.

Por cierto, voy a ir acabando, que estamos a punto de aterrizar y seguramente se cortará la conexión. Espero que te llegue este mensaje.

p.d. Oye, tú que puedes, dale un beso enorme a mi aita y dile que le quiero mucho. Coméntale que, de vez en cuando, me haría mucha ilusión que me trasmitiera alguna señal de que lo estoy haciendo bien. Y cuando lo hago mal, que se manifieste también. Dile que me esfuerzo mucho por hacer las cosas más o menos bien (al menos lo intento) y que trato de cuidar mucho de la ama. Por cierto, está más guapa que nunca. ¡Ah! Dile que este año la Real Sociedad quedó novena en primera división. Pero, sobre todo, no te olvides de decirle que le echo muchísimo de menos.

Te mando un beso enorme.